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30 de diciembre de 2013

Un resumen de las lecturas del 2013

Como hacen otros blogs por estas fechas, yo también quiero echar la vista atrás y ver qué me ha deparado este 2013 en lo que a lecturas se refiere.

Para lo que yo acostumbraba, he leído bastante novela negra y destaco dos descubrimientos:

Luis Gutiérrez Maluenda, con estas tres novelas que me he leído de él (domina muy bien los temas principales del género negro, perfila a la perfección a los personajes y, encima, me reí un montón):



Domingo Villar, con las dos novelas de Leo Caldas que tiene en el mercado (bien elaboradas y con una magnífica ambientación en Galicia):



Y, bueno, dejémoslo en tres descubrimientos, porque este libro también me gustó mucho y tiene un protagonista, Sean Duffy, con quien comulgué mucho y me gustaría seguirle la pista:


En cuanto a literatura fantástica, de entre las que he leído destaco dos novelas que me han entusiasmado, si bien debo decir que la segunda, El nombre del viento, me caló más hondo:




También quiero mencionar las relecturas de este año, dos libros que me apasionan y que, curiosamente, ahora me doy cuenta de que giran en torno al mismo tema: el aislamiento en una isla remota (¡entre otros muchos!):




Sin embargo, si debo quedarme con uno solo, sería este: un libro que me atrapó desde el principio y que removió mis sentimientos como ninguno, además de ser tremendamente original y tratar un tema –el miedo– que muy pocos han sabido manejar de forma tan magistral: Un monstruo viene a verme.



Hasta ahí mis recomendaciones. Sé que no he leído muchos libros este año, pero estoy satisfecha en general con todos estos descubrimientos y ya tengo los ojos puestos en lo que me deparará el 2014. ¡Feliz Año Nuevo a todos! :-)

22 de diciembre de 2013

La verdad sobre el caso Harry Quebert

Marcus Goldman es un joven escritor que debe enfrentarse a un pequeño (gran) problema: el síndrome de la página en blanco. Su editor le presiona para sacar un nuevo libro al mercado cuanto antes y fija una fecha de entrega, pero Goldman se ve incapaz de escribir ni una sola página. Desesperado, acude al que fue su mentor durante los años de la universidad, Harry Quebert, quien ahora es un escritor consagrado, y este le propone quedarse el tiempo que sea necesario en su casa de Aurora, un pequeño pueblo costero, hasta encontrar la inspiración.

Allí Marcus descubrirá que, en 1975, Harry mantuvo una relación con Nola Kellergan, una joven de 15 años de edad, cuando él contaba 34. El mismo verano de su romance, Nola desapareció sin dejar rastro y nunca más se supo de ella. Poco después de este descubrimiento, encuentran el cadáver de Nola enterrado en el jardín de Harry y este es detenido de inmediato. Así las cosas, Marcus emprenderá una investigación endiablada en el pueblo para tratar de averiguar quién mató en realidad a Nola y liberar a su amigo de la cárcel. De paso, se propone escribir un libro que cuente toda la historia y le impulse a él mismo de nuevo al estrellato: El caso Harry Quebert.

Comienza así una narración a tres bandas: la historia de amor de Harry y Nola que se fraguó en 1975; la época en que Marcus y Harry se conocieron, en 1999, y el momento en el que descubren el cadáver de Nola y detienen a Harry, en el 2008.

Quise leer este libro porque de repente me lo encontraba hasta en la sopa, venía avalado por el premio Goncourt francés (yo pensaba que era prestigioso…) y el texto de la faja del libro lo comparaba con grandes como Nabokov. ¡Volver a caer a estas alturas en una trampa de marketing…!

Porque no, el libro no me ha gustado. Lo cogí con muchas ganas y es cierto que las páginas se devoran, pero enseguida llama algo la atención: lo insípidos que resultan dos personajes con peso como son Harry y Nola, lo poco creíble que es su historia de amor. Los diálogos entre los dos parecen sacados de una novela de Corín Tellado (o peor, que la Tellado para mi gusto sabe construir historias), y se le da tantísimo bombo al inflamado amor que sentían el uno por el otro que la impresión en el lector es justo la contraria: dan ganas de soltarle un par de sopapos a cada uno.

Los demás personajes, en especial los habitantes de Aurora, son tremendos clichés. Supongo que está hecho a propósito para retratar lo que era en aquella época el ambiente asfixiante de un pueblo estadounidense de los setenta, donde lo que contaba eran las apariencias y ser mejor que el vecino, pero desde luego no contribuye a aportar un ápice de veracidad a la historia.

Por otra parte, el último tercio del libro pretende despistar al lector hasta tal punto que presenta una elaboradísima cadena de falsos culpables, algo que no causa más que desconcierto y un ligero hartazgo. Todo para acabar presentando al culpable que ya me imaginé en la página 300...

Además está la parte metaliteraria del libro: en forma de breves capítulos se recogen los consejos que Harry le daba a Marcus para convertirse en un escritor de éxito, así como las reuniones de Marcus con su editor y cómo este va elaborando una trama para hacer del próximo libro un best-seller. Resulta inevitable imaginarse al autor, Joël Dicker, como un Marcus en busca del pelotazo literario: los dos tienen la misma edad, resultan atractivos, ambos esperan despuntar en su segunda novela. Se realiza una crítica metatextual a los best-sellers en la que, curiosamente, esta novela cae («qué más da lo que ponga en el libro, Marcus, lo importante es que hablen de él»). Además, el propio libro va siguiendo las premisas que da Harry Quebert para que un libro pase a la historia (tipo «asestar un buen derechazo en la última parte del libro, dar un giro radical a toda la trama», cosa que en efecto ocurre), pero te das cuenta de que no se sostiene cuando ves que otros consejos, como construir unos personajes y una historia memorables, de esos que el lector no se puede quitar de la cabeza una vez terminado el libro, fallan estrepitosamente: este libro es de los que se olvidan a los dos días de haberlo terminado; es más, en la página 500 me daba igual el destino que el buen Dicker quisiera otorgar a cada uno de los personajes.

Otros dos fallos más: el autor cae en el error de reproducir fragmentos del libro que catapultó a Harry Quebert a la fama, la novela que hizo de él un autor respetado por la intelligentsia norteamericana treinta años ha, ¡y son unos fragmentos infumables, con una prosa tremendamente pedestre! El segundo fallo es que la trama es tramposa; no voy a revelar nada, pero al final del libro hay un giro en concreto que no hay quien se lo crea.

En definitiva, que caí una vez más en las trampas del márketing editorial. Este libro está medio bien para leer en la piscina, pero se olvida en cuanto se termina la última página y no provoca más que entretenimiento barato. ¡Qué rabia haber gastado 22 euros en esto! Pero, ah, lo terapéutico que resulta despotricar un buen rato en el blog...

17 de diciembre de 2013

Tu hijo, tu espejo

Este mes de diciembre está siendo muy ajetreado —como todos los años—, así que he avanzado poco en mis lecturas y no he podido entrar mucho en el blog. Por eso esta entrada va a ser muy escueta, solamente para recoger el último libro que me terminé y que forma parte de esas lecturas que intento colar de vez en cuando acerca de la relación entre padres e hijos. Por mucho que lea a este respecto, siempre me parece que es poco…

El texto que copio a continuación es el de la contra del libro, que básicamente trata de explicar las dinámicas ocultas en las relaciones entre padres e hijos. Se lee muy rápido y se resume en una frase: nuestros hijos necesitan amor incondicional.

Los padres proyectamos en nuestros hijos nuestras expectativas de vida, nuestras frustraciones, nuestros problemas sin resolver de la infancia o adolescencia, nuestros «si hubiera» y nuestras necesidades insatisfechas, esperando inconscientemente que ellos se conviertan en una extensión de nosotros mismos y que cierren esos asuntos inconclusos.

Conocer la «parte oculta» de nuestra relación, comprender por qué ese hijo, específicamente ese, nos saca tan fácilmente de nuestras casillas, por qué lo presionamos con tal insistencia para que haga o deje de hacer, nos abre la puerta a la posibilidad de un cambio profundo en nuestra relación con él. 

Darnos cuenta de esto contribuye a transformar los sentimientos de rechazo, rencor y su consecuente culpa, que pueden resultar devastadores, facilitando el paso al único sentimiento que sana, une y transforma: el amor.

23 de noviembre de 2013

El nombre del viento

Hoy traigo un libro que más de uno conoceréis, pues el original se publicó ya en el año 2007 y tuvo mucha repercusión, no solo en el mundo angloparlante en general sino en España en particular, donde el propio autor reconoce que sus seguidores son legión.

Las expectativas eran muchas y me alegro de haber constatado que este libro no defrauda. ¡Patrick Rothfuss podría escribir el listín telefónico y hacerlo interesante! Es increíble la capacidad evocadora de este autor, que a mí me cautivó ya desde la primera página. Y no hay que olvidar que esta es su primera novela: pese a la complejidad de la trama, el autor se desenvuelve como si hubiera tenido esta historia perfectamente hilada en la cabeza durante toda su vida. Es asombroso lo bien que escribe y el complejo mundo que ha creado de la nada en esta primera obra.

La historia se desarrolla en un mundo fantástico ambientado en la Edad Media. Kvothe, que una vez fue mago, estudiante, juglar y héroe, languidece como posadero en un pueblecito perdido en compañía de Bast, su alumno y ayudante. Ambos llevan una vida tranquila hasta que a la posada llega un cronista que recoge las vidas de las personas más importantes de su tiempo y cuya intención es escribir la historia de Kvothe. Al principio muy reticente, Kvothe solo accede a condición de narrar su historia en tres días, no más, y esos tres días corresponderán a los tres libros de esta trilogía, «Crónica del asesino de reyes».

Y así comienza el primer libro, El nombre del viento: tras unos prolegómenos bastante largos (pero, sin duda, necesarios e interesantes), nos remontamos a la época en que Kvothe era un chaval y recorría los caminos con su familia, los Edena Ruh, unos artistas itinerantes. Un día se une a la troupe un arcano llamado Abenthy, a quien llama la atención el carácter despierto e inteligente del chaval. Con el consentimiento de sus padres, Abenthy empezará a instruir a Kvothe en la ciencia del arcanismo. En su día tras día aprenderá sobre diversas artes —química, retórica, matemáticas—, pero sobre todo simpatía, disciplina que no es magia propiamente dicha (pero se le parece mucho) y se basa en las relaciones que se pueden establecer entre dos objetos por medio de su energía. La simpatía será muy útil para Kvothe en los acontecimientos que están por venir; sin embargo, lo que él más anhela es aprender a invocar el nombre del viento para poder «llamarlo» en caso de necesidad, como vio asombrado hacer a Abenthy el día en que lo conoció.

Abenthy también es quien le habló a Kvothe por primera vez de la Universidad y de los diez mil libros que allí podría encontrar. Desde que Kvothe escucha esto, su único anhelo es obtener un día una plaza en la Universidad y sumergirse en ese universo de libros.

Aquí la historia sufre un corte abrupto, que no desvelaré para no chafar la trama, pero sí diré que desde ese momento el único afán de Kvothe es obtener más información sobre los Chandrian, siete seres misteriosos liderados por Lord Haliax, unos personajes demoníacos considerados leyenda de cuento de hadas por muchos pero que, lamentablemente, Kvothe ha podido conocer muy de cerca y sabe que son tremendamente reales.

Creo que, como resumen, lo voy a dejar ahí porque debería ser suficiente para despertar vuestra curiosidad. Solo puedo decir que en cuanto pueda me haré con el segundo libro de la trilogía, El temor de un hombre sabio, porque estoy deseando saber más acerca de la leyenda de Kvothe. Los fans de la saga, por cierto, andan tirándose de los pelos porque el tercer libro se está haciendo de rogar y aún no hay ni siquiera una fecha aproximada para su publicación, así que habrá que echarle paciencia.

¡Por cierto! Para que no se diga que todo son alabanzas: no me gusta nada la protagonista femenina de este libro, Denna. No me parece un personaje que despierte muchas simpatías entre los lectores o que tenga demasiadas cualidades positivas y me pregunto si es algo intencionado por parte de Rothfuss. Los que habéis leído este libro, ¿qué pensáis de Denna?

Patrick Rothfuss firmando ejemplares en
Forbidden Planet (Londres, 5.11.2013)
Por último, los que os guste este autor seguramente sabíais que ha estado por Europa «de gira». Las colas en Madrid superaron por completo las expectativas de la librería y de la editorial, pues acudieron nada menos que 2.000 personas. Nueve horas estuvo Patrick Rothfuss firmando ejemplares, y no se movió de allí hasta que todo el mundo se fue a casa con su libro rubricado. Yo tuve la suerte de ir al evento de Londres, que al parecer estuvo menos abarrotado, y tras dos horas de cola me fui feliz con mi libro firmado y habiendo conocido al hombre que hay detrás de estas historias tan apasionantes. Me hizo una ilusión tremenda. Siento la (escasa) calidad de la foto, pero me hacía ilusión ponerla. :-)

Por cierto, junto a Rothfuss estaba firmando libros un tal Scott Lynch. Parece ser que en el mundillo es conocido y me da pena no haberme llevado un libro suyo firmado, habiendo tenido la oportunidad. ¿Lo conocéis? ¿Ha leído alguien Las mentiras de Locke Lamora, el primer libro de su trilogía «Los caballeros bastardos»?

29 de septiembre de 2013

Room

Todos hemos oído en los telediarios esas impactantes y tristes noticias que han aparecido en los últimos años acerca de una chica joven que es secuestrada por un aparente «vecino modelo» y retenida en un sótano durante años. Víctimas de abusos sexuales, algunas de estas jóvenes llegaron a tener hijos durante su cautiverio.

Pues bien, este libro narra una historia de ese tipo, pero con un punto de vista muy original: el de ese niño que ha crecido en una habitación y solo conoce el mundo «de fuera» por una televisión y por lo que le cuenta su madre. El relato que construye Emma Donoghue reproduce muy bien no solo cómo deben de ser las condiciones de vida en un sitio así (aunque estoy segura de que la realidad supera mil veces a esta ficción), sino el modo de hablar de un niño de cinco años. En varias partes del libro se hace un relato exhaustivo del día a día de Jack y de su mamá (de la que en ningún momento sabemos su nombre; en la versión inglesa es simplemente «Ma»): de cómo tienen que contar el número de cereales que se toman en el desayuno (sus provisiones son frugales), de los juegos que la mamá se inventa para que Jack no crezca atrofiado y ejercite no solo los músculos sino también la vista o la inteligencia, y de las mil cosas que hacen para pasar su día a día lo mejor posible y también para intentar lanzar alguna señal de su existencia al mundo exterior. Jack también nos da cuenta de las visitas que reciben algunas noches a las nueve en punto por parte de Old Nick, de quien tenemos pocos datos, pero son suficientes para saber su papel en la historia. Finalmente, la madre se da cuenta de que a la larga sus vidas corren peligro y trata de idear un plan para escapar de su celda. Lo malo es que, si fallan, podría costarles la vida a los dos, y eso aterra a la madre del pequeño Jack. ¿Lo conseguirán?

Esta historia me ha gustado muchísimo, en primer lugar por lo bien escrita que está, por cómo la autora ha logrado capturar ese pequeño universo de una madre y su hijo retenidos durante años en una pequeña habitación. En muchos momentos resulta enternecedora la inocencia de Jack y en otros, nos cuenta algunos hechos que él no entiende todavía pero que el lector sí puede adivinar con horror. Resulta conmovedor cómo la madre no ve en esa habitación más que una prisión y anhela recuperar su vida pasada, pero para Jack, nacido en el mismo suelo que pisa cada día, no se trata de una cárcel, sino de su hogar, el único hogar que conoce: este contrapunto está muy bien conseguido en la narración.

Sí que le pondría un pero a la historia: en algunas partes del libro se hace un poco pesado el relato pormenorizado que hace Jack de su día a día —sobre todo teniendo en cuenta su peculiar modo de expresarse—, y creo que el ritmo de la novela se mantiene mucho mejor en la primera parte que en la segunda, que no desvelaré pero que yo habría hecho mucho más corta. Pese a ello, recomiendo esta lectura sin ambages y otras personas ya me han comentado que les entusiasmó.

También lo tenéis disponible en español: el libro ya lo ha publicado Alfaguara (la traductora es Eugenia Vázquez Nacarino) y la verdad es que me gustaría echarle un vistazo para ver cómo ha capturado el particular lenguaje de Jack.

Un último apunte: a veces digo que, desde que soy mamá, hay temas que me tocan demasiado la fibra y leer sobre ellos me ha hecho pasar un mal rato (con otros libros, directamente no me he atrevido a abordar la lectura porque sé que no la disfrutaría). Pues bien, este libro es difícil, pero no me ha hecho sufrir como pensé que lo haría. Los que tengáis el mismo «problema» que yo os podéis quedar tranquilos, porque en este sentido la historia está contada con mucha sensibilidad (porque no se narra desde el punto de vista de una madre sufridora y aterrada, sino desde la inocencia de un niño pequeño a quien su terrible día a día le parece el más normal del mundo).



25 de septiembre de 2013

The beach (relectura)

Un chico británico de veintitantos años se toma un año sabático, se planta una mochila al hombro y se va a recorrer el sureste asiático por su cuenta, huyendo quizá de la insatisfacción que le produce la vida occidental. En Bangkok oye hablar de una playa secreta que se erige como el edén con el que todo joven sueña: una playa paradisíaca y fuera del circuito de los turistas, llena de gente guapa y fiestas junto al mar, cuya existencia debe ser ocultada con celo. Sin embargo, la playa no es el paraíso que cabía esperar, sino que se convierte en una jaula de oro que saca los peores instintos de todos sus habitantes. Según se acerca el final, la historia empieza a tomar unos tintes dignos de El señor de las moscas a medida que el edén se convierte en infierno.

Si tuviera que llevarme cinco libros a una isla desierta, este sería sin duda uno de ellos. Garland ha conseguido crear un balance buenísimo en su forma de narrar: la prosa es ágil y sencilla, pero está llena de reflexiones inteligentes que hacen de este libro algo excepcional. Garland hace avanzar la trama a un ritmo endiablado (la acción no decae ni un momento en sus cuatrocientas páginas), con frecuentes referencias a los videojuegos de Nintendo y a la guerra de Vietnam.

Además, la capacidad del autor para dibujar cada escena hace que nos las imaginemos perfectamente en la cabeza, y describe a todos los personajes de tal manera que parecen totalmente creíbles, como también sus reacciones y sus diálogos. Cuando al final la utopía se desmonta, también parece ese el único final posible de una vida que se sustentaba en un tópico que había resultado no ser más que una quimera.

Cualquier reseña que haga yo va a ser totalmente parcial porque adoro esta novela, pero aquí he encontrado un análisis muy interesante por parte de un licenciado en Filosofía en el que subraya los temas principales que se tocan en el libro (bueno, el autor se basó en la película que protagonizó DiCaprio). En este análisis se detalla con lucidez todo el trasfondo que sustenta esta historia:

La desmitificación del paraíso (análisis de La playa por Francisco Rosa Novalbos).

20 de septiembre de 2013

Room (cita)

"He looks human, but there's nothing inside."
I'm confused. "Like a robot?"
"Worse."
"One time there was this robot on Bob the Builder—"
Ma butts in. "You know your heart, Jack?"
"Bam bam." I show her on my chest.
"No, but your feeling bit, where you're sad or scared or laughing or stuff?"
That's lower down, I think it's in my tummy.
"Well, he hasn't got one."
"A tummy?"
"A feeling bit," says Ma.
I'm looking at my tummy. "What does he have instead?"
She shrugs. "Just a gap."

Emma Donoghue, Room

13 de septiembre de 2013

Cinco mujeres y media

Francisco González Ledesma no es ningún advenedizo. Al contrario, a sus 87 años cuenta con una gran trayectoria a sus espaldas como autor de novela policiaca. Nacido en el barrio barcelonés de Poble Sec, ya con cinco años contaba historias a cambio de la merienda en el patio del colegio de Zaragoza donde estudiaba. Fue un novelista precoz, y ganó oficio desde bien joven escribiendo novelas del Oeste —al ritmo de una por semana, y llegó a escribir trescientas— con el conocido seudónimo de Silver Kane, lo que le permitió costearse la carrera de Derecho.

En 1948, con solo 21 años, obtuvo el Premio Internacional de Novela con su Sombras viejas, pero la censura franquista prohibió su publicación. Ello lo sumió en el silencio como novelista y le llevó a dedicarse primero a la abogacía y después al periodismo (fue redactor jefe de La Vanguardia, donde trabajó durante 25 años), profesiones que le proporcionaron un buen conocimiento de la ciudad de Barcelona y de la sociedad que en ella habita.

En Expediente Barcelona, novela publicada en 1983, es donde el autor presenta a su conocido inspector Ricardo Méndez, que ha protagonizado 11 novelas y que le hizo ganar el Premio Planeta en 1984 con Crónica sentimental en rojo. La novela que reseño hoy se llama Cinco mujeres y media y también cuenta con el inspector Méndez de protagonista. 

En un barrio pobre de Barcelona, en torno al mercado de San Antonio, seguimos la pista a varias mujeres que tienen la desgracia y la pobreza como denominador común; el punto de partida es la violación y asesinato de una muchacha del barrio por parte de tres individuos. Al inspector Méndez no se le asigna la investigación —sus jefes procuran mantenerlo apartado de los casos de relevancia—, pero él empieza a trabajar por su cuenta en el caso atraído por la indefensión de la madre y de la hermana gemela de la víctima. A Méndez se le dan bien esos casos que requieren husmear por el barrio, preguntar a los vecinos, hacer solitarias guardias infinitas y detectar súbitamente la presencia de asesinos que hace años que se esfumaron de las calles del barrio. Así, Ledesma construye una trama que avanza imparable y que engancha hasta llegar a un final con giro imprevisto incluido.

Las novelas de Ledesma tienen un tremendo tinte de realidad (desde luego, se notan sus tablas como abogado y periodista que ejerció en la ciudad): la lectura resulta estremecedora precisamente porque sabemos que lo que cuenta puede haber ocurrido perfectamente. Esta novela, en concreto, incide mucho en la indefensión de las víctimas más desfavorecidas frente a los vericuetos de la justicia, que parece incapaz de mantener entre rejas a los «malos» de la novela más de dos semanas seguidas.

Por este motivo, porque se adivina la cruda realidad tras la prosa desnuda, dura y descarnada de Ledesma, las dos novelas que he leído de él me han resultado lecturas difíciles. Sin embargo, al terminar me quedo con la buena sensación de haber leído una novela redonda, escrita magistralmente por un autor con muchas tablas, y ya sabéis que ese es uno de los puntos que más valoro de una novela: que esté bien escrita. Y las novelas de González Ledesma puntúan altísimo en este sentido.

Hablando de todo un poco, os cuento un dato del que me he enterado leyendo sobre Ledesma para esta novela: es el padre de Enric Gonzàlez, magnífico periodista y mejor escritor (si no lo conocéis os recomiendo encarecidamente, por ejemplo, sus Historias de Londres).

Para terminar (y para ver si os pica la curiosidad y os animáis a leer este libro), copio la descripción del inspector Méndez que se hace en un pasaje de esta novela:  


Vamos, señores alumnos de criminología, pasen y vean la mesa de trabajo de Méndez. Entren en la nueva comisaría de la calle Nueva, que antes fue una comisaría vieja en la calle más vieja del barrio chino de las leyendas, pero ahora no crean en ellas ni recen por las putas que murieron soñando que al fin las querría de verdad un hombre. Bastante hacemos con dejarlos entrar, de modo que no molesten con demasiadas preguntas. Esta es la mesa de Méndez, siempre llena de papeles que no sirven para nada, pero en los que él dice que está el alma de la ciudad, de modo que vayan ustedes a encontrarla, y si la encuentran, díganme para qué sirve. Méndez tiene no se sabe ya cuántos años, de modo que, siendo muy joven, tuvo tiempo de ser policía franquista, pero siempre que lo mandaban detener a un rojo resultaba que luego le llevaba libros a la cárcel, le compraba el periódico y le hacía de correo para llevarle cartas a su mujer, de modo que la superioridad franquista perdió la confianza en él. Y la superioridad democrática, o sea, la real superioridad, nunca le devolvió esa confianza, porque Méndez juega a las cartas con los pequeños delincuentes del barrio, y en vez de detenerlos les pide que se busquen un trabajo y dejen de joder. Así no hay quien pueda. Cierto que no perdona a los violadores ni a los corruptores de niños ni a los pistoleros a la brava, y que más de una vez se le ha escapado un ostión antirreglamentario, por el cual ha habido que incoarle expediente, pero ya me dirán ustedes, señores alumnos, si casos tan importantes, como los de los atracadores, se le van a encargar a él, que siempre trabaja solo y además pide consejo a las mujeres de la calle. ¿El cuartito de los servicios? Es decir, ¿el urinario? Miren, está en aquella puerta, precisamente muy cerca de la mesa de Méndez, porque en algún sitio había que poner su mesa, ¿no? ¿Y qué hace ahora Méndez, si no le han asignado ningún caso? Pues justo está dándole la lata al comisario, como hace siempre, sin tener en cuenta que el comisario está cargado de trabajo, come a deshora, va mal chingado y siempre está de mala hostia, o sea, que no es como los que salen en la tele. Sí, amigos, Méndez es aquel tipo que lleva los bolsillos llenos de libros, aunque a veces se le olvida la pistola.

24 de agosto de 2013

Ojos de agua y La playa de los ahogados

En los últimos años, Domingo Villar ha sido uno de los nombres más importantes en el panorama de las novelas policiacas. Todo un éxito de ventas, sus dos libros sobre el inspector Leo Caldas se han traducido a multitud de idiomas y los admiradores de la saga no paran de preguntar cuándo se publicará el tercero. Debería haber salido ya el año pasado, pero Villar se está tomando el tiempo que necesita para dejar la novela redonda sin ceder a las presiones del mercado editorial, en el que parece que siempre impera la prisa. Saber eso no hizo sino aumentar mi simpatía por este autor, pues me disgusta bastante esa afición que tienen algunos escritores (no daré nombres, je, aunque ya he comentado algún caso antes en el blog) de escribir novelas como churros aprovechando el tirón de su efímera fama, a costa de dejar a un lado la calidad. 

El caso es que aún no tenemos tercera novela de Leo Caldas, pero se puede ir abriendo boca con las dos que hay ya en el mercado:  Ojos de agua y La playa de los ahogados. Leo Caldas es un inspector de policía lacónico, solitario, que tiende a esconder su timidez tras la cortina de humo de un cigarro y que siente auténtico disfrute ante un plato de percebes gallegos. Aparte de ser inspector de policía, ejerce también como Patrullero en las ondas en un programa de radio de Onda Vigo, donde escucha las quejas de los oyentes y trata de solucionarlas, aunque él aborrece que la gente de a pie le reconozca al instante solamente por el programa de radio. Trabaja junto al agente Rafael Estévez, un zaragozano que ronda el metro noventa, con buen corazón pero de maneras algo agresivas en ocasiones, a quien exasperan las maneras de los gallegos, que nunca dan una respuesta clara a una pregunta.

Vigo y los pueblos y playas de los alrededores son los escenarios en los que transcurre la acción, y la geografía, la comida, las costumbres y las maneras de ser de los gallegos son tanto o más protagonistas que los crímenes que Leo Caldas tiene que resolver, y ahí radica en mi opinión el encanto de estas novelas. Cuando te sumerges en sus páginas crees estar recorriendo las costas de Galicia, viendo en el horizonte las islas, comiendo en sus tascas y hablando con los lugareños. 

Paso ahora a hablar de las dos novelas publicadas: Ojos de agua, que el propio autor tradujo del original en gallego, cuenta la historia de Luis Reigosa, un saxofonista de ojos de un azul muy claro —«ojos de agua»— con una vida discreta y solitaria, que un día aparece muerto en su casa en lo que parece claramente un crimen pasional. En La playa de los ahogados, la trama arranca con la aparición de un marinero ahogado en una de las playas cercanas a Vigo. Todo apunta a un suicidio, pero poco a poco Leo Caldas empieza a desenterrar el pasado y tendrá que remontarse muchos años atrás para empezar a arrojar luz sobre este crimen.

Ojos de agua puede ser una buena introducción a las aventuras de Caldas, si bien La playa de los ahogados es una novela en mi opinión mucho más trabajada, con una trama compleja y elaborada que se desarrolla a lo largo de 445 páginas (frente a las 187 de Ojos de agua). Si la primera novela es buena, la segunda la recomiendo sin ambajes. Uno de los puntos que más me han gustado es la evolución de Rafael Estévez: del agente sin paciencia ni control con un punto de psicópata que se retrataba en Ojos de agua al gigantón atolondrado y brutote, pero de buen corazón, que es en La playa de los ahogados. Resulta todo un acierto haberle matizado el carácter un poco. En cuanto a Caldas, al principio pensaba que su carácter lacónico (su respuesta favorita es "Ya."…) iba a hacer que no me cayera del todo simpático, pero no es así: es un personaje muy humano que visita a su padre viudo cuando puede y se atormenta por la sombra de un amor que se fue no hace mucho.

Si os gustan las novelas policiacas, sin duda pasaréis un buen rato entre las páginas de estos libros, y si queréis conocer un poco más el día a día gallego también: yo me llevé La playa de los ahogados a mis vacaciones en Vigo (era la primera vez que pisaba tierras gallegas) y no pude haber escogido una compañía mejor.

La isla de Toralla con su pequeño atentado ecológico: una torre de apartamentos de 70 metros de altura, donde se desarrolla parte de la acción de Ojos de agua.

19 de agosto de 2013

El alquimista impaciente

Con Lorenzo Silva tuve un encontronazo cuando traté de leer La flaqueza del bolchevique, un libro al que no acabé de encontrarle la gracia. El caso es que llevaba viendo rondar por casa El alquimista impaciente y lo fui dejando de lado pensando que sería un libro del mismo corte. El otro día se me ocurrió leer la contra, vi que era una novela policiaca (bueno, de la Guardia Civil) y me lancé a devorarlo en dos días. ¡Y lo cierto es que está muy bien!

En un motel de carretera aparece el cadáver desnudo, en una incómoda postura, de quien al parecer era un señor normal y corriente: casado, empleado en una cercana central nuclear, sin ningún enemigo aparente y con un carácter bonachón. En el caso se emplean el sargento Bevilacqua y la guardia Chamorro, ambos de la Guardia Civil, quienes van agotando las pistas hasta que se ven abocados a cerrar el caso sin solucionarlo. ¿O quizá tendrán que reabrirlo de nuevo pasado un tiempo…?

Una novela policiaca bien escrita, con giros interesantes de la trama, buenas reflexiones por el camino y un final bastante bien hilado. El sargento Bevilacqua no responde a los estereotipos que uno esperaría de un miembro de la benemérita, pues es licenciado en psicología y su formación hace que en ocasiones se sienta un poco bicho raro entre sus compañeros. En esta novela, además, obtendremos algo de información acerca de las centrales nucleares, que creo que no son muchos los autores que deciden ambientar sus novelas en un escenario tal y puede dar mucha miga. Quienes disfruten con las novelas policiacas tienen en El alquimista impaciente buen material.

Durante la lectura traté de ponerles cara a Bevilacqua y Chamorro sin conseguirlo (¡qué imaginación tan pobre la mía!). Hoy, buscando alguna foto para la reseña, he encontrado una de los dos protagonistas que llevaron esta novela a la gran pantalla, ¡y creo que están muy bien escogidos!


De todas formas, a la novela le pongo un pero (ojo, spoiler): la tensión sexual entre Bevilacqua y Chamorro. Me pareció una idea muy manida y muy cansina, la verdad. Encuentro mucho más interesante, por ejemplo, la relación estrictamente profesional que unía a Fermín Garzón y Petra Delicado en las primeras novelas de de esta inspectora: puro compañerismo con muchos guiños de complicidad y buen entendimiento.

En el mercado hay siete novelas en las que Silva narra las andanzas de Bevilacqua y Chamorro, y la última de ellas, La marca del meridiano, ganó el Premio Planeta en el 2012. ¿Conocíais las aventuras de esta pareja?

8 de agosto de 2013

Las lágrimas de San Lorenzo

Un profesor de universidad que ha rodado por Europa como una bola del desierto sin echar raíces en ningún lugar regresa a Ibiza, donde pasó sus mejores años de joven, para asistir junto a su hijo, del que vive separado hace ya tiempo, a la lluvia de estrellas de la mágica noche de San Lorenzo. La contemplación del cielo, el olor del campo y del mar y el recuerdo de los días pasados desatan en él la melancolía, pero también la imaginación.

No digo nada nuevo al afirmar que cada lectura tiene su momento adecuado. Libros que en una época de nuestras vidas no nos transmiten nada, se convierten en lecturas que nos marcan al cabo de unos años, o simplemente nos reconocemos en cada una de las frases, que van cobrando sentido a nuestros ojos.

Eso es justo lo que pensaba al leer esta novela: no era el momento. Se trata de una historia que se nutre de recuerdos y de momentos pasados, y que mira al futuro con desesperanza. Es de corte intimista, y a medida que caen las estrellas fugaces de la noche de San Lorenzo el protagonista va desgranando recuerdos nostálgicos de una vida de la que ya no espera nada:

Durante muchos años, pensé que eso sólo les pasaba a otros, que el temor a envejecer sólo les afectaba a quienes me precedían en el escalafón del tiempo. A mis padres, por ejemplo, o a mis abuelos, antes que ellos. Pero cuando éstos desaparecieron, cuando se convirtieron en estrellas que brillaban en el cielo por las noches, cada vez con menor intensidad, comencé a sentir esa desazón que produce saberse ya en la primera fila.

A este autor lo descubrí con La lluvia amarilla, un libro que ya reseñé hace años (aquí). Ese libro es igual de pesimista o más que este, y sin embargo me cautivó, pese a que yo no me veía reflejada en lo que contaban sus páginas. No obstante, con Las lágrimas de San Lorenzo no he sentido ese mismo flechazo. Como digo, la historia no me ha acabado de cautivar y el estilo del autor tampoco me ha parecido tan magistral como en La lluvia amarilla. 

Puede resultar una lectura interesante para la lluvia de estrellas de este fin de semana, puesto que la novela entera se ambienta en la noche de San Lorenzo. Pese a que a mí no me ha entusiasmado, lo recomiendo para quienes busquen una lectura intimista acerca del inexorable paso del tiempo, con abundantes reflexiones sobre el devenir de la vida.


26 de julio de 2013

La pell freda (relectura)

El eterno debate: ¿os gusta releer o pensáis que hay demasiados libros pendientes en el mundo como para volver a una novela determinada? Yo pertenezco claramente al primer grupo: me encanta releer las novelas que más me han marcado y algunas, como Rebeca o El perfume, las he leído más de cinco veces. Para mí es un auténtico placer volver a historias que me han gustado y suelo encontrar nuevos matices de los que no me había percatado en lecturas anteriores. Cuando hace tres años devoré La pell freda, tenía claro que me lo leería otra vez, y eso es justo lo que hice hace un par de semanas.

Os remito a la reseña que publiqué en su día (La pell freda, aquí) y añado un par de impresiones más: es una novela de ciencia ficción, algunos fragmentos juegan muy bien con el miedo, si bien se puede decir que es una novela extraña, rara. La primera vez que lo leí recuerdo haberme parado y pensar: "Pero ¿qué demonios estoy leyendo?". Sin embargo, esta sensación solo dura un instante, pues la intriga de la trama y la fuerza narrativa de Sánchez Piñol me impulsaban a seguir pasando páginas. Esta es una de esas novelas que no puedes soltar y, sin embargo, no es el típico libro trepidante sin nada más que acción: las páginas de La pell freda están llenas de metáforas y se pueden adivinar referencias a las guerras, al ansia de independencia de las naciones y también a los miedos más primitivos de los hombres.

En definitiva, lo recomiendo muchísimo por ser una novela absorbente, original, bien escrita, bien desarrollada y con un buen contrapunto de ideas que invitan a reflexionar. Y, como ya recomendé en mi reseña anterior, aconsejo empezar a leerla sin saber nada de la trama; el efecto sorpresa creo que le hace mucho bien a esta historia.

¡Espero que os animéis!

17 de julio de 2013

El Rey Trasgo

     Contempló el tomo sujetándolo con dulzura, un hábito que había desarrollado con los años. Le desagradaba mucho que se extrajesen los libros de los estantes hundiendo el dedo en la parte superior del lomo; repudiaba de aquellos que pasaban las páginas arrastrando la palma de la mano, miraba con desdén a quienes doblaban las esquinas para marcar dónde habían dejado de leer y profesaba un sincero desprecio hacia quienes garabateaban palabras en sus páginas.
     —Calaña irrespetuosa —refunfuñó, como cada vez que encontraba cualquier cicatriz derivada de aquellas acciones.
     Echó un vistazo por cada recoveco del libro, moviendo tanto las manos como la cabeza: las tapas eran de un color rojo que en su día debió ser vivo, pero que el desgaste había tornado oscuro hasta conferirle la tonalidad del vino. Las páginas eran rugosas y entre dos de ellas asomaba la cuerda que había dejado Tobías.
     —Tonto —murmuró mientras la retiraba—, un libro siempre se empieza por el principio.
     Lanzó otra rápida mirada a la puerta y se inclinó hacia delante, apoyando el libro en el mostrador. Reinaba la calma.
     —Avísame si viene alguien, Mirias. —Lo abrió por la primera página y empezó a leer.

(El Rey Trasgo, pág. 73)

Este es uno de esos autores que te reconcilian con la literatura. De esos que saben contar historias, hilar palabras y construir unas tramas tales que te olvidas de lo que tienes alrededor. De los que saben manejar el lenguaje, emplean un vocabulario rico, construyen pasajes evocadores, crean personajes entrañables, escriben diálogos creíbles y, en definitiva, tejen su tela de araña en torno al lector hasta que este queda irremediablemente atrapado en la historia. Y es un libro de esos que da gusto tener en el regazo, que se lee perfectamente, que está impecablemente editado, de los que atesorarás en la estantería.

No es una novela excesivamente ligera, aunque doy fe de que se puede leer en el metro (y es de los que hacen que te pases tu parada, también puedo atestiguarlo). Sin embargo, se disfruta más en casa, en silencio, empapándote de las palabras y recreando las escenas en la cabeza, algo sencillo porque la capacidad de Alberto Morán Roa de transportar al lector a su mundo es tremenda.

La novela discurre en reinos lejanos, vigilados por la presencia constante de la Ciudadela, una roca inmensa que surca los cielos y en la que tres estados ejercen de guardianes de la paz. Sin embargo, cuesta mantener el equilibrio y pronto esos tres estados se enzarzarán en luchas de poder. Por las páginas de El Rey Trasgo discurren centauros, dracos, grifos, pegasos y wyvernas. También nigromantes, trasgos, hechiceros, soldados, juglares, libreros y campesinos. Sangrientos escenarios de batalla, pueblos adormilados a los pies de unas temibles montañas y grutas laberínticas de las que parece imposible salir. Entretanto, una terrible amenaza se cierne sobre el mundo…

Si tuviera que poner un (minúsculo) pero, sería al personaje de Kaelan. En el último tercio del libro no he logrado empatizar demasiado con él y, hacia el final del libro, casi casi me daba igual el (negro) giro que estaban tomando los acontecimientos para él. Dicho esto, mi rechazo hacia el personaje no es total y tengo curiosidad por ver lo que deparan para él las siguientes partes del libro.

¿Hace falta decir más? Sí: que este libro se enmarca en la fantasía, pero puede gustar a todo el mundo porque a Alberto se le da bien contar historias, sin más.Y otra cosa añadiré: si no me equivoco, el autor publicó este libro con 26 años. ¡Imaginaos lo que le queda por escribir! Yo, desde luego, estaré atenta a sus próximas publicaciones.

Me despido con unas frases que escribió el mismo autor en su blog y que me parecieron preciosas. De hecho recomiendo la entrada entera, sobre el poder de las reseñas:

Las reseñas quizá no sean chorros de gasolina que eleven las llamas al cielo, pero son ramas que mantienen vivo el fuego para que autores como yo podamos seguir contando cuentos en torno a la hoguera. Así que gracias. Seguid así. Hacéis que narrar historias sea más cálido y luminoso.


http://elreytrasgo.blogspot.co.uk/2013/06/el-poder-de-las-resenas.html

Con esta reseña participo en la lectura conjunta que ha organizado el blog Historia de una palabra.

1 de julio de 2013

Aaaaaah ! Une araignée ! / Aaaarrgghh, Spider!

Llevo un tiempo queriendo incluir en el blog algunas de las lecturas infantiles que tenemos rondando por casa y que más nos han gustado, pero por un motivo u otro nunca tengo tiempo. Hoy, sin embargo, lo que me ha llegado al buzón me ha dejado tan buen sabor de boca que no he podido evitar compartirlo ipso facto.


Hace unos días andaba buscando un libro ilustrado en francés porque a mi hija le hace mucha gracia que le lea en ese idioma. Sin embargo, aquí en Londres no he encontrado todavía ninguna librería donde haya libros ilustrados en otros idiomas, así que lo compré por Internet un poco a ciegas. Luego ha resultado que el original es en inglés, así que al fin y al cabo sí habría podido echarle un vistazo en alguna librería de aquí, pero el caso... ¡la compra ha sido un éxito!

El libro trata de una arañita que quiere hacerse amiga de una familia y se presenta ante ellos una y otra vez. Sin embargo, cada vez que algún miembro de la familia la ve por un rincón de la casa, gritan: «¡Aaaaaaaah! ¡Una arañaaaaa!», y la echan fuera de casa. A la pobre araña ya no se le ocurre qué más puede hacer... ¿Conseguirá al final hacerse amiga de los miembros de esta familia... o le espera un final trágico?

A los niños les encantará este libro, con unas ilustraciones preciosas (mi hija adora la boca de la araña, en forma de corazón rosa, o la purpurina que hay en una de las páginas), con frases cortas que interactúan mucho con los dibujos –la frase «Aaaaaah ! Une araignée !» es perfecta para que los niños la reciten una y otra vez junto a los papás– y se desarrolla una historia muy bonita con un sorprendente final.

En definitiva, un libro que gustará a niños de entre 3 y 5 años (a muchos adultos también), con ilustraciones preciosas y un texto que invita a los más pequeños a involucrarse en la historia. Además, todo gira en torno a ese proverbial terror que muchas personas sienten hacia las arañas. Creedme, después de leer este cuento miraréis a esos simpáticos bichitos con otros ojos y seréis incapaces de hacerles daño. Lo dice una que corre a por la escoba cada vez que ve una araña (y en este país son bien gordas) y que a partir de hoy les declara una tregua…

No, no he subido la foto al revés. Hay que verla desde la perspectiva de una araña...

«¡Fuera, araña, fuera!»

«¡Miradme!» ¿No es una araña encantadora? La familia no parece opinar lo mismo...

Me parece que no se ha publicado en español todavía; ¡espero que no tarde mucho en tentar a alguna editorial! En todo caso, si os ha gustado os animo a buscarlo en inglés o en francés porque podréis seguir bastante bien la historia aunque no dominéis ninguno de esos idiomas.

23 de junio de 2013

Sorteo en el blog Para gustos los libros

Godor ha organizado el primer concurso de su blog Para gustos los libros, así que aquí estamos para celebrarlo y para ver si hay suerte y me llevo La tumba compartida.

Requisitos obligatorios: dirección postal en España, ser seguidor del blog y dejar un comentario en la entrada para avisarle de que participáis. En cuanto a los requisitos opcionales, hay unos cuantos y están todos detallados en su entrada. Echad un vistazo ¡y a sumar los puntos!



21 de junio de 2013

Cold Cold Ground

El libro que reseño hoy me tocó en uno de los sorteos que organizó la editorial para Sant Jordi, ¡y me alegro de que llegara a mis manos! Como el argumento no se resume de manera sencilla, voy a copiar el texto de la contra, que a mi parecer recoge todo lo que hay que saber sin destripar la trama:

Belfast, 1981. Un cadáver con una mano amputada puede llegar a no tener ninguna importancia si aparece en un ambiente de extrema violencia como el que se vivía en Irlanda del Norte. Los presos del IRA están en huelga de hambre; los disturbios, los asesinatos y los atentados indiscriminados con bomba se suceden. El ejército y la policía, completamente desbordados, imputan cualquier muerte violenta a ajustes de cuentas entre bandas paramilitares católicas y protestantes. 

Con la idea de que sea rápidamente archivado, le dan el caso al detective Sean Duffy, un agente que no cuenta con la confianza de sus superiores. Un melómano con título universitario en un mundillo de iletrados a quien quieren matar los católicos por ser policía y los protestantes por ser católico.

Pero el caso es más complejo de lo que parece, al aparecer otro cadáver en condiciones similares y descubrirse que los muertos eran homosexuales y que estaban vinculados al IRA. ¿Se encuentra Duffy ante un asesino en serie homófobo en una Irlanda que persigue con cárcel la homosexualidad? ¿Están relacionadas sus muertes con el aparente suicidio de la ex mujer de un dirigente del IRA?

Con la ayuda de la forense Laura Cathcart, con la que entabla una más que estrecha colaboración, Duffy se va a ver envuelto en una peligrosa red de odios y venganzas, ambigüedades morales y corrupción, violencia político-religiosa y confabulaciones que, con los servicios secretos de su graciosa majestad de fondo, conforman el ambiente sombrío e irrespirable de aquella Cold Cold Ground irlandesa.

Con este libro Alianza Editorial estrena colección dedicada al género negro –Alianza Negra–, y creo que no habría podido empezar con mejor pie. Lo más destacable, para mí, es la perspectiva única que ofrece este libro acerca de la Irlanda del Norte a principios de los años ochenta y de la problemática del IRA. Adrian McKinty nació en Belfast y era un chaval cuando los conflictos con el IRA estaban en su etapa más cruda, por lo que lo que nos narra proviene en su mayor parte de experiencias de primera mano. Pese a que conozco a grandes rasgos la historia, no podía imaginarme que el día a día fuera tan difícil en Irlanda del Norte aquellos años. En este sentido, Cold Cold Ground resulta muy aleccionador.

Dejando la historia de lado, la trama de esta novela también me ha cautivado: bien narrada, original, con personajes sólidos y un punto de cotidianidad que no hace sino aportar realismo y verosimilitud. Además, McKinty sabe cómo transportar al lector a aquella época difícil, al evocar hechos reales como el intento de asesinato del Papa Juan Pablo II o la boda de Lady Di, acontecimientos ambos que tuvieron lugar en 1981. Por otra parte, la pasión del autor por la música (es tan melómano como el detective Sean Duffy) y la filosofía (se graduó en política y filosofía) se adivinan en toda la novela: las referencias a líneas de pensamiento filosófico o a los temas musicales que pegaban fuerte en aquella época son constantes.

En definitiva, así es como debería construirse una buena novela negra: un montón de temas sobre los que reflexionar, pero sin perder en ningún momento la fuerza de la historia. Bien escrito, bien traducido y bien editado. Y un protagonista tremendamente humano pero con un punto irónico, de manera que los diálogos nunca pierden fuerza. Si os gusta la novela negra, dadle una oportunidad a este libro.

Por cierto, es el primero de la trilogía de Sean Duffy; el segundo libro debería salir este año. Le seguiré la pista…

8 de junio de 2013

Lectura conjunta de «El Rey Trasgo» en el blog Historia de una palabra

Hace unas semanas sentí un flechazo por la novela El Rey Trasgo y por su autor, Alberto Morán Roa, tras descubrirlo un poco por casualidad en Internet. El caso es que me compré el libro hace unas semanas y aún no había encontrado el momento de leerlo. Ayer me enteré de que el blog Historia de una palabra ha organizado una lectura conjunta y he decidido aprovechar la ocasión. Si alguien más se anima, aquí está toda la información:




¿Nos vemos allí?

7 de junio de 2013

El regreso de Max

Siete claves para vivir la vida con un enfoque más positivo y vital: eso es lo que nos brinda en este libro Manuel Ramírez, licenciado en Economía, profesor de universidad y director del Instituto Grafológico KIMMON, empresa dedicada al entrenamiento de la psicología positiva. Y precisamente eso, positivismo, es lo que destila cada una de las páginas de este libro.

Conoceremos la historia de Max, un joven que ha alcanzado un cierto éxito en su trabajo –es director del departamento de eventos de un hotel de Barcelona–, pero que no se siente en absoluto realizado, pues se ha apartado de sus ideales y en su trabajo a menudo debe ir en contra de sus principios. Un día tiene un sueño especial, que se repetirá en noches consecutivas, gracias al cual empieza a plantearse las cosas desde una perspectiva diferente. Mediante este cambio de planteamiento y de visión, Max comienza a perseguir por fin los sueños que había dejado abandonados años atrás e inicia el camino al liderazgo.

Un libro este conciso, que engancha y se lee rápido, y que me ha dejado con muy buen sabor de boca. En él encontraremos planteamientos muy interesantes, como la diferencia entre presentarse al mundo como víctima o como responsable, o la diferencia entre hecho e interpretación (pues una cosa es el hecho objetivo que ocurre y otra, lo que percibimos cuando pasa por el filtro de nuestro entendimiento). Está narrado con mucha claridad y utiliza un lenguaje cotidiano, que deja pleno protagonismo al mensaje que pretende transmitir.

El autor ha pedido prestados a sus protagonistas, Max e Iris, a Mònica Fusté, autora del libro El mejor año de tu vida, donde precisamente Iris es la protagonista. La verdad es que me ha entrado curiosidad por leer El mejor año de tu vida, así que lo buscaré (los dos libros, el de Ramírez y el de Fusté, los ha publicado Alrevés Editorial en su colección de Crecimiento Personal). Y aprovecho para comentar que acaba de salir la segunda parte de El regreso de Max, que se llama El poder del ahora o nunca. Yo ya me he animado a leerlo.

Copio además un enlace a una entrevista que hacen a Manuel Ramírez en la web www.tu-mismo.es, que ayudará a convencer a los que aún están reticentes a leer este libro:

Entrevista a Manuel Ramírez

Termino con una cita de Lao Tsé que resume el tipo de filosofía que se puede encontrar en estas páginas: «Un líder es mejor cuando la gente apenas sabe que existe. Cuando su trabajo esté hecho, su objetivo cumplido, ellos dirán: nosotros mismos lo hicimos».

1 de junio de 2013

La fiesta

Una fiesta en la zona alta de Barcelona, un poderoso empresario como anfitrión, el cava que corre como el agua y una chica –a la que nadie conoce– que aparece inconvenientemente muerta en el cuarto de baño. De entre todos los invitados a la fiesta, cuatro personas centran la atención del inspector Colomer: Susana, una aspirante a actriz de curvas voluptuosas que es quien descubre el cadáver; Raúl, médico, que acude presto a reconfortar a Susana atraído más por su portentoso culo que porque le interese echar un vistazo al cadáver; Marta, mujer (de armas de tomar) de Raúl, de quien se está separando en términos no muy amistosos, y Salvio, el amante de Marta, a quien esta se trae a la fiesta para restregárselo a su (ya pronto) ex. De entre los secundarios destacan el inspector Colomer, que tiene un hobby cachondísimo que consiste en «destrozar refranes», y Humphrey, detective privado en novelas anteriores de Maluenda, a las que ya estoy deseando hincar el diente tras haber leído este pequeño cameo de su protagonista.

La estructura de la novela es original y arriesgada, puesto que la narración la hacen por turnos los cuatro protagonistas, cediéndose la palabra unos a otros cada dos o tres páginas. Al principio de la novela no estaba segura de que este recurso fuera a funcionar y me costó 15 o 20 páginas acostumbrarme, pero a partir de ahí te metes en la historia y se lee en un suspiro. Por supuesto, tiene el sello inconfundible de Maluenda, con una crítica social acertadísima y comentarios afilados acerca de las relaciones de pareja.

Es este un libro ligero, para cuando uno acaba de leerse uno demasiado espeso o está en un periodo en que no quiere centrarse en tramas demasiado enrevesadas y le apetece una lectura fácil. Sin embargo, no quiero decir con eso que sea este un libro de segunda o una novelita de poca calidad. Los libros de Maluenda sorprenden, agradan, hacen reír y dan que pensar con la cantidad de reflexiones y sentencias que el autor va soltando al vuelo, como sin quererlo. Puede ser esta una buena novela para descubrir a Luis Gutiérrez Maluenda. Más que recomendada.

Aquí un pequeño fragmento del libro, en el que a un personaje empieza a pegársele la costumbre del inspector Colomer de destruir refranes:

Antes de que pudiera evitarlo –¿cómo se le prohíbe la entrada a un inspector de policía?–, el tipo estaba caminando hacia el interior de mi casa. Lo de «enséñeme su placa o lárguese de mi casa» que dicen en las películas era absurdo, nos conocíamos sobradamente. Mientras lo seguía al interior de mi propia casa pensé, absurdamente: «Año de nieves, año de bienes»; y me respondí, en un susurro apenas audible: «En Groenlandia tal vez, pero si es en Valencia te jode la cosecha de cítricos». 

Creo que hasta lo vocalicé en un murmullo bajo.

–¿Cómo dice? –preguntó Colomer.

–Nada, inspector. ¿Qué se le ofrece?


27 de mayo de 2013

Happy Kids y la «mis lit»

Con la experiencia de haber acogido a más de cincuenta niños en su casa y ser madre de tres (dos biológicos y una adoptada), Cathy Glass expone en este libro una serie de consejos dirigidos a crear un entorno familiar sano y estable para que los pequeños de la casa crezcan felices y equilibrados. Este manual práctico se centra en los casos más difíciles de rebeldía o desobediencia, de manera que resulta apropiado para aquellos padres que sienten que deben empezar a imponer un poco de disciplina antes de que las fierecillas se haga con las riendas del hogar. Está escrito de manera muy clara y ordenada, su estilo es impecable y la edición es muy buena, en mi opinión.

Pese a que me ha gustado esta lectura, con lo que de verdad disfruto es con los libros de Cathy Glass en los que cuenta sus experiencias reales como madre de acogida. Glass, que escribe bajo seudónimo para proteger la privacidad de estos casos reales con los que trabaja, lleva 25 años siendo madre de acogida, es decir, cuidando niños que no pueden ser atendidos por sus padres a cambio de una prestación económica. Su otra gran pasión es escribir, actividad a la que dedica los pocos ratos libres con los que cuenta (en su web dice que, en ocasiones, se levantaba a las 4.30 h de la mañana porque era el momento del día más tranquilo para escribir). Pese a esta larga trayectoria y a haber publicado algún artículo sobre salud y asuntos sociales en periódicos tan relevantes como The Guardian y Evening Standard, su primer libro se publicó hace solo seis años, en el 2007. Damaged narra la cruda historia (un caso real, recordemos) de una niña que había sido víctima de abusos. El libro básicamente cuenta el día a día de la estancia de la niña en casa de Cathy Glass, cómo funciona el engranaje de la acogida en el Reino Unido y cómo organiza la autora su día a día para reeducar a un niño con problemas de conducta y desarrollo al tiempo que cuida su vida familiar. Este primer libro cosechó un tremendo éxito y llegó al número uno de la lista de ventas del Sunday Times.

Como se suele decir, el resto es historia: lleva 16 libros publicados y ha vendido 1,4 millones de ejemplares en todo el mundo (aunque no están traducidos al español). Como curiosidad, este tipo de libros se han criticado en ocasiones porque pertenecen al género llamado misery lit o mis lit: un tipo de literatura biográfica que suele girar en torno a un trauma o abuso, a menudo narrado en primera persona, y que el protagonista suele superar con éxito. Se escribe a modo de terapia o de enseñanza, al tiempo que se sacan a la superficie temas –como el maltrato infantil– que antes tendían a esconderse debajo de la alfombra. No obstante, también se dice que el éxito de este tipo de literatura radica en el morbo que proporciona al sumergir al lector en las miserias ajenas. Voyeurismo puro y duro, vamos.

Aquí en en Reino Unido este tipo de literatura es bastante popular y yo debo admitir que, aunque apenas he leído unas pocas novelas (tengo estas de Cathy Glass, y esta de otro autor reseñadas en el blog), me resultan ciertamente entretenidas, aunque uno debe estar algo predispuesto a pasar unos días sumido en historias tremendamente tristes y conmovedoras.

Para acabar, dejo un par de fotos a modo de curiosidades: la sección de mis lit de la biblioteca de mi barrio (en un pueblo cerca de Londres), para que se vea este tipo de literatura es frecuente hasta el punto de contar con su propia sección destacada (nótese que todas las portadas tienen un estilo muy característico; son calcadas, vamos), y un trocito de la estantería de cuatro baldas que la cadena W H Smith dedica a este género (esta la tomé también en mi barrio, en un local que no es especialmente grande). También son libros facilísimos de encontrar en los aeropuertos, a menudo con ofertas de dos por uno, y la verdad es que con uno de ellos entre las manos la jornada de viaje se pasa en un suspiro.




16 de mayo de 2013

Panteón

Me temo que no me voy a sentir muy cómoda escribiendo la reseña de hoy. La situación es la siguiente: hace unos meses descubro una novela que me entusiasma (tanto, que declaro que es el mejor libro que he leído en el 2012; hablo de La hora del mar); conecto con el autor por las redes sociales y resulta ser amabilísimo, inteligente, encantador; compro ávida su siguiente novela con ganas de devorarla y... ¡ay! Esa novela no me gusta en absoluto. ¡Menudo batacazo! Así pues, escribo esta reseña con la intención de ser sincera pero también con cierto reparo, pues lo que menos pretendo es echar por tierra el trabajo o el esfuerzo de un escritor al que sigo admirando. Ese trabajo que conlleva escribir una novela es lo primero que valoro y lo que le agradezco a Carlos Sisí. La reseña no pretende en absoluto ser destructiva, pero también he querido enfocarla con total neutralidad, sin tener en cuenta el flechazo que sentí con su novela anterior. Vamos allá, pues, y empiezo con el resumen que figura en la contra:

La Tierra, el planeta original, explotó hace algo más de diez mil años. Por aquel entonces el hombre ya había iniciado su periplo por el espacio. En esta nueva Era, la guerra y la paz son elementos de una misma balanza que se equilibran cuidadosamente desde La Colonia, el enclave científico por excelencia. Desde allí, la controladora Maralda Tardes detecta actividad bélica en un planeta alejado de cualquier ruta comercial, y decide iniciar un protocolo estándar de inspección. 

Mientras tanto, Ferdinard y Malhereux, dos jóvenes chatarreros, esperan pacientemente en el subsuelo de dicho planeta a que acabe la guerra en la superficie para saquear los restos del combate y extraer un suculento beneficio. Entre los restos de la batalla encuentran un extraño artefacto que parece pertenecer a una civilización antigua y desconocida y tras el que van los atroces mercenarios sarlab y los científicos de La Colonia por igual. Poco se imaginan Mal y Fer que lo que tienen en su poder podría ser la llave para liberar una amenaza más antigua que la galaxia.

Confieso que no fue un amor a primera vista. Apenas he leído ciencia ficción y tampoco he visto las películas más representativas del género (ni las menos), pero sí diría que empecé la lectura con una mente abierta, dispuesta a sumergirme entre las páginas de esta novela ambientada en el espacio en un futuro muy lejano. Sin embargo, pasaba las páginas y veía que no me convencía. La hora del mar me conquistó porque Carlos Sisí supo tejer su tela de araña lentamente desde el principio de la novela. Se tomó su tiempo en ir construyendo todo el entramado sobre el que se asentaría después la acción. Para cuando esta empezó, yo ya estaba irremediablemente enganchada.

En Panteón, sin embargo, el autor parece que tiene prisa por que empiecen a pasar cosas. Pone al corriente al lector a toda velocidad de lo que hay que saber, y venga: acción, acción, acción. Antes de que la trama haya conseguido atraparme ya hay que andar corriendo detrás de los personajes, y confieso que he avanzado por la historia como de mala gana, como una niña a la que su madre coge de la mano para que camine más rápido y tiene que ir medio arrastrándola.

Desde el primer momento la trama me pareció poco creíble. En primer lugar por los diálogos, por el vocabulario utilizado. El autor no puede llamar la atención sobre este punto poniendo en boca de los protagonistas interjecciones como "¡Sagrada Tierra!" o "por los Nueve...", como adaptándose a lo que se dirá dentro de diez mil años, para alternarlas con un "¡coño!" o un "¡pringados!", que te trasladan de golpe, qué sé yo, al Madrid de Malasaña (por no mencionar palabras tan contemporáneas como "¡bingo!", "tronco" o "yuyu"). ¿En serio dentro de diez mil años la gente dirá "le tocaría bastante los cojones que aquella estúpida zorrita le sobreviviera" o "esa pava me estará apuntando desde arriba"?  No digo que el autor tuviera que haberse inventado un lenguaje nuevo, evidentemente, pero si no va a meterse en ese jardín, mejor no atraer la atención sobre el tema poniendo cuatro expresiones aquí y allá que lo único que consiguen es resultar cansinas a fuerza de repetirse y de codearse con expresiones demasiado contemporáneas. Creo que lo idóneo hubiera sido buscar un lenguaje más atemporal, uno que no llamara la atención en un escenario tan futurista. Y que conste que la idea era buena, que, evidentemente, detrás de ese "¡Sagrada Tierra!" está el hecho de que, en ese futuro lejano, la gente cuando maldice ya no invoca a Dios, pero, como digo, creo que el recurso queda cojo. Por cierto, no dirán "¡Dios mío!", pero sí que sueltan algún "¡Jesús!"...

Siguiendo con el lenguaje, aparte de que hay más erratas de lo que sería deseable (pero esto es más culpa de la edición, supongo), Sisí vuelve a escribir muchas expresiones que suenan a malas traducciones (esto ya lo comenté en La hora del mar). Ejemplos –extraídos del libro– como "Esa cosa… ¡es jodidamente pesada!" o "¡Sólo sácalo!" me parece a mí que solo las dicen en malas traducciones del inglés. Vamos, nadie está trabajando tranquilamente al ordenador, levanta de repente la vista y espeta: "Este texto... ¡es jodidamente enrevesado!", ¿no? De esas hay a montones y, sinceramente, me decepciona verlas en un original en español.

Por otra parte, muchos aspectos de la trama me sonaban terriblemente contemporáneos. Por ejemplo, en una escena determinada se describe una sala de ordenadores que parecen haber montado rápidamente y de manera un poco improvisada, y se describen unos "cables colgando de esos ganchos rudimentarios". ¿En serio que dentro de diez milenios los ordenadores, si los hay, seguirán teniendo cables, y se seguirán haciendo apaños agrupándolos en ganchos? Y como estas me he encontrado unas cuantas. 

En cuanto a los personajes, me pareció que Sisí los perfiló mejor en La hora del mar. En este libro no he acabado de sentir empatía por ninguno de los protagonistas. Por ejemplo, no he sabido distinguir en ningún momento entre Mal y Fer; nunca sabía quién era quién. Creo que en las primeras páginas se dan unas pinceladas de los rasgos del carácter de cada uno, pero no se retoman más adelante y, en mi opinión, en ocasiones los dos parecen la misma persona. En cuanto a Maralda, ¿de verdad había que señalar lo sexy que es y lo mucho que el traje espacial le marca el culo? (En forma de corazón invertido, por cierto; esto lo habrán sacado de Nueve semanas y media.) A las lectoras nos podrían haber recreado con el culo de Tarven For, digo yo, o, en su defecto, con una mínima descripción física de los personajes masculinos… El único en el que el autor se recrea es en Jebediah, y por exigencias del guión. (Vale, lo del culo de Maralda sé que es un detalle puntual y que tampoco tiene más importancia, pero igualmente ¿por qué no se describe el físico de Mal y Fer en ningún momento? Creo que es al final del libro cuando me entero de que uno de ellos tiene los ojos claros...)

En las últimas páginas, se suceden escenas cada vez más increíbles. Por comentar solo una, uno de los protagonistas (no digo el nombre, pero ojo, podría ser un spoiler) «… aún respiraba, aún era capaz de sentir. Quizá estuviera al borde de un coma o algo peor, pero aún no se había ido». Sin embargo ¡alehop!, en la página siguiente este protagonista «ya se había puesto en pie» (sin ningún motivo aparente; más que nada porque la trama dictaba que había que huir de los malos).

En resumen, el problema para mí es que, cuando a un libro le falla el andamiaje, la historia en sí de repente pasa a un segundo plano. A Panteón se le ve el entramado y con ello la magia de la ficción se desmorona un poco. Debo de ser una lectora jodidamente puñetera, porque me fijo muchísimo en detalles como los que he comentado en párrafos anteriores y con eso, para mí, las tripas de la novela quedan al descubierto. Así pues, hacia la página 45 ya me había olvidado de la trama y me estaba cuestionando si se sostenía todo lo que iba leyendo o si pegaba utilizar tal o cual expresión. 

No obstante, hey, acabemos con dos notas positivas: este libro ha ganado el premio Minotauro de este año (que se otorga a la mejor novela inédita de ciencia ficción, terror o fantasía), y la gran mayoría de las reseñas que he leído por la red alaban entusiasmadas el Panteón de Carlos Sisí, así que, como suelo decir, recomiendo leerla y que cada cual juzgue por sí mismo.




3 de mayo de 2013

El jardín secreto

No sé si es que últimamente estoy más nostálgica, pero no hago más que encontrarme libros que de pequeña me habrían encantado. Desde bien cría me gustaba mucho releer los libros que tenía en casa; por una parte disfrutaba sumergiéndome de nuevo en aquellas aventuras que conocía tan bien, pero por otra volvía a ellos porque no sabía muy bien qué libros nuevos me podrían gustar. Además, recuerdo que era demasiado tímida para preguntar en las librerías o en la biblioteca. Pues bien, con esta novela sé que habría pasado unos ratos entretenidísimos. ¡Qué pena no haber descubierto entonces este clásico inglés!

Mary es una niña nacida en la India, hija de unos padres británicos muy adinerados pero egoístas, que nunca quisieron a la pequeña. Crece rodeada de sirvientes que le conceden todos sus caprichos y aguantan estoicos sus rabietas, pero sin darle un ápice de cariño. Así, Mary se convirtió en una niña tremendamente malcriada, enfermiza, en absoluto afectuosa y acostumbrada a tratar con desdén a todo el mundo. Cuando contaba 10 años, una epidemia de cólera mata a sus padres y a todos los sirvientes; sola en el mundo, es enviada a Yorkshire (Inglaterra), a vivir con un tío suyo a quien no conoce, a un caserón enorme perdido en medio de un inclemente páramo.

"Are you a ghost?"
Al principio Mary trata con desdén a todo el mundo y no le gustan ni el caserón ni el páramo, húmedo y gris a finales del invierno. Debe permanecer confinada en dos habitaciones de la casa y entretenerse sola, pues nadie está muy dispuesto a ocuparse de ella, por lo que empieza a vagar por la casa y los terrenos circundantes en busca de entretenimiento. Un día descubre la existencia de un jardín que lleva cerrado una década y donde está prohibido entrar. Es así como la pequeña Mary, por quien nadie se preocupa y quien tampoco ha aprendido a querer a los demás, resuelve volcar todo su afecto en ese jardín secreto, dispuesta a devolverlo a la vida y a hacerlo florecer de nuevo.

Para ello contará con la ayuda de Dickon, un chico alegre, amable y un poco «encantador de serpientes», pues tiene un don especial que le lleva a entenderse con los animales como si fuera uno más de ellos. Dickon se acompaña de zorros, cuervos, ardillas, corderos y petirrojos, que casi son tan protagonistas de la historia como él mismo. También es protagonista otro niño que no mencionaré para no destripar la trama.

Y así, mientras el jardín florece de nuevo gracias al empeño de Mary, las vidas de todas las personas que giran a su alrededor se verán irremediablemente alteradas también.

El jardín secreto es un libro sencillo, pero que transmite a la perfección la inocencia con la que se ve el mundo con 10 años, lo poco que necesita un niño para ser feliz (quizá solo el contacto con la naturaleza, sentirse querido, y reír, correr y jugar con otros niños...). Curiosamente, hacia el final de la historia, la autora aprovecha para hacer todo un alegato a la magia del pensamiento positivo.

"A crow cased loudly."
En cierto modo este libro me recordó a las aventuras de Enid Blyton, a la camaradería que se establecía entre niños y animales, a los días de aventuras pasados en plena naturaleza, compartiendo secretos de los que ningún adulto debe enterarse bajo ningún concepto, con madres afables que preparan una buena cesta de picnic que los niños devoran con apetito... ese tipo de historias que muchos leímos entusiasmados de pequeños. Desde luego, en más de una ocasión me dieron ganas de volver a ser niña otra vez y salir corriendo puerta afuera a jugar en la naturaleza.

"A shall live for ever and ever."
De este libro se han hecho ediciones preciosas, algunas muy indicadas para que los niños se sientan irremediablemente atraídos por esta historia. La portada que incluyo es la de la edición que he leído yo (2 libras me costó), pero debo decir que es casi la más fea que he visto, más adecuada para el público adulto al que se dirige la colección de Penguin que para el sector infantil.

Las otras imágenes que incluyo en esta entrada son de Inga Moore, que ha ilustrado la historia entera; además son láminas que se pueden consultar y comprar en el siguiente enlace:

Inga Moore 

17 de abril de 2013

Un buen lugar para reposar

Un hombre acude a una red de contactos por internet en busca de amor, cariño o quizá un simple revolcón. Conoce a una docena de mujeres y, al poco, se siente amenazado (y mucho) por una de ellas.

En paralelo, dos pelagatos con mala fama acosan a una anciana. El objetivo no es otro que sacarla de su piso, pues una inmobiliaria tiene grandes planes para el edificio en el que vive.

Atila, por supuesto, es el detective al que el hombre y la anciana recurren para solucionarles la papeleta.

Y, como secundarios, un cartel inigualable: sicarios venidos directamente de Colombia; un excombatiente de las FARC solitario y triste, pero leal hasta la muerte; Maruchi la Desdentá, una madame que se las arregla para ser las orejas que todo lo escuchan en Barcelona; una mujer enamorada que se disputa a su hombre con una botella a ritmo de blues; un engominado director de inmobiliaria; las Adoradoras del Ballenato, un grupo de ecuatorianas apasionadas de las telenovelas cuyo punto de encuentro es el locutorio y donde se reúnen para contar chismes y comer pastelillos; ah, y el «personaje» estelar, para mí, es La Bóbila, la biblioteca de Hospitalet de Llobregat especializada en el género negro, que también desfila entre las páginas de esta magnífica novela, así como su director Jordi Canal, el de verdad, que sale como un personaje más. Los diálogos entre Atila y el director de la biblioteca me han parecido geniales.

Estoy descubriendo que es un gustazo leer a Maluenda y su prosa cruda, descarnada, honesta, y también un punto gamberra, con una acertadísima crítica social de la Barcelona de hoy. Maluenda se mueve como pez en el agua a la hora de describir a los personajes que pululan por los bajos fondos de la ciudad. Solo puedo decir que, junto con Carlos Sisí, ha sido uno de los grandes descubrimientos de los últimos meses, y que ya estoy deseando leer el siguiente libro suyo que tengo en la mesilla (La fiesta). Y ahora que ya adoro a Atila, tengo ganas de conocer al otro detective que ha creado este autor –Basilio Céspedes, Humphrey–, que tiene que ser tremendo también.

En definitiva, para los amantes del género negro, Luis Gutiérrez Maluenda es una apuesta segura. También gustará a quienes estén familiarizados con Barcelona, pues la ciudad es muy protagonista en las novelas de Atila y las reflexiones que hace Maluenda acerca de ella me parecen muy acertadas. Y quienes tengan ganas de pasar un buen rato, de echarse a las manos una lectura agradable, pero de las que al mismo tiempo te deja pensando sobre las miserias de la vida, encontrarán en las novelas de Atila la compañía ideal.

Buen trabajo también el de la editorial, Alrevés. Los pequeños problemas de edición que mencioné en la entrada de Mala hostia están solucionados ya en esta novela.

¿Qué más puedo decir? ¡Que estoy deseando leer el siguiente de Atila! Y que animo a todo el mundo a que lo descubra. Esta es la segunda novela del detective Atila; aquí está mi reseña de la primera:

Mala hostia


2 de abril de 2013

Te escucho


Diego Tribeca, desarraigado e inestable, trabaja para la Lonely Planet actualizando guías, profesión que le lleva a pasar largas temporadas de viaje y le ayuda a estar continuamente huyendo de su propia vida. Un desprendimiento de retina le obliga a volver a Italia, a la casa de sus padres, ya fallecidos, y a quedarse unos días encerrado entre cuatro paredes hasta recuperarse. Durante su convalecencia, un fallo en la línea telefónica hace que, cada vez que suena el teléfono y descuelga, oiga las conversaciones que tienen los vecinos de su edificio. De esta manera empieza a ser testigo mudo de las vidas que se desarrollan a su alrededor, en concreto las de cuatro mujeres: Marta, que tiene una grave enfermedad pero se ha aislado de su entorno y se empeña en no decírselo a nadie; Agnese, que vive una relación tormentosa con su novio Pietro; Giulia, o la Garza, una adolescente anoréxica a quien su madre prácticamente ignora, e Irene, una mujer que quiere ser madre por encima de todo y piensa que cuenta con el apoyo de su pareja. 

Poco a poco Diego no solo es testigo en la sombra del pequeño teatro que se desarrolla a su alrededor, sino que no puede evitar pasar a formar parte activa de él cuando empieza a interactuar con las cuatro mujeres. Intenta ayudarlas desde fuera pero se involucra cada vez más en sus historias, hasta que al final la trama toma un giro muy inesperado y Diego acaba descubriendo la verdad sobre su propio pasado.

Esta es una novela de sentimientos, de amor, de sexo, de secretos y de mentiras. También de soledad, y de relaciones de pareja difíciles. Toca además un tema con el que más de uno habremos fantaseado: la posibilidad de escuchar conversaciones ajenas. A mí no me gusta mucho curiosear en las vidas de los demás y, sin embargo, a veces es inevitable pararse a escuchar esa conversación entre la pareja de al lado en el autobús, o la discusión de los vecinos que se oye en el patio interior del vecindario. La verdad es que a Diego Tribeca apenas se le plantean dilemas morales al respecto: llama a la compañía telefónica para asegurarse de que nadie va a venir a reparar su teléfono y se dispone a pasar los siguientes días olvidándose de su vida y dispuesto a sumergirse en las ajenas.

Este libro se lee rápido porque la escritura es bastante sencilla, con muchos diálogos, y no hay fragmentos pesados o que se desvíen mucho de la trama. A medida que avanza vamos siguiendo la evolución del personaje, que de estar totalmente perdido pasa a hacerse con las riendas de su vida y a tomar además algunas decisiones. De todas formas, no me parece que Diego viva una evolución moral muy drástica; tiene un carácter errático y algo inmaduro que también se aprecia en el desenlace, así que no me parece que Te escucho sea precisamente una novela de aprendizaje.

No puedo decir que este libro no me haya gustado, pero tampoco lo he terminado entusiasmada. No he empatizado mucho con la forma de pensar de los protagonistas: para mí no son ese tipo de personajes a los que coges cariño y quieres seguir y seguir leyendo sus historias. El principal protagonista me ha parecido melodramático (como sería la voluntad de la autora, puesto que lo pone en boca de Agnese hacia el final de la novela) y muchas de las situaciones que propiciaba también eran melodramáticas: no puedo decir que haya encontrado a Diego Tribeca adorable. El personaje que sí me ha parecido interesante es el de Marta, y sin embargo hacia la mitad de la novela, incomprensiblemente, pasa a un segundo plano y no se la rescata hasta casi el final. Una lástima... En definitiva, una novela que me ha entretenido durante unos días, pero que no sé si recordaré de aquí a un año.

«Durante estos años, en todos mis viajes, he estado haciendo fotos con una digital de parejas entre las que el silencio se interponía de forma palpable como una cortina de hierro. Tengo una foto de una joven pareja en el aeropuerto de Saigón; están sentados uno junto al otro, saliendo o llegando, y parecen dos entidades diferenciadas, dos personas que nunca hayan querido conocerse y, sin embargo, es evidente que están juntos, sobre todo es evidente porque, de alguna manera, se parecen. Las parejas acaban pareciéndose. Son un poco como los perros con sus dueños, se corresponden. […] Pero hoy, al volverlas a ver, me he dado cuenta de que las hice por envidia. Tenía envidia de los que se amaban, de los que se cogían de la mano, de los que ya no se sentían solos, y entonces intenté demostrarme a mí mismo que la pareja equivale a la soledad, a lo inexpresivo, a algo que he probado y me ha dado tanto miedo, que he estigmatizado el amor como el final de un individuo.»
«Esto de pensar que el amor es un lugar mágico, no contaminado, este escuchar que no eliges, que te eligen, como si se tratara de una llamada del más allá. En la idea habitual del amor hay algo de católico, de evangélico. El amor es otra cosa, se basa en las necesidades, en las proyecciones, en las obsesiones. Los encuentros sacan a relucir de nuevo cosas ya acaecidas, son historias de fantasmas, suponen la posibilidad de limitar tu parte oscura, quiero decir, los amores que funcionan. Los demás son jaulas. Todas estas cosas quisiera decirle, pero permanecemos en silencio unos segundos más hasta que ella empieza a compadecerse para consolarse de su soledad, porque entiende que aquí hay un espacio en el que no hay que disimular que uno está a toda costa. Luego dice que tiene que irse, que quiere hacer algo urgente y añade que, sin embargo, no logra acordarse de lo que es.»